La historia del Cacao en Pichucalco

Pichucalco, Chis., 25 de Abril de 2010.


Investigando como siempre sobre lo que ha sido Pichucalco a través de su historia encontré esta interesante información sobre los tiempos dorados del cacao de nuestro querido Pichucalco para aquellos que creen que siempre hemos sido un pueblo olvidado, aquí les expongo este material que me di a la tarea de transcribir del libro espero que les guste a todos los amantes de nuestras raíces.

Después de la Independencia, la insoslayable atracción del gran mercado Mexicano de cacao influyo de hecho en la decisión de Chiapas y Tabasco de Unirse a México, en vez de a la Federación Centroamericana. El Soconusco tenía casi medio millón de arboles de cacao en 1820; pero debido a la incertidumbre de ese tiempo, se cosecho solo una parte de ellos y por eso se obtuvo un bajo beneficio. Sin embargo, en la década de 1840, el excelente cacao del Soconusco era el principal producto de este distrito y tenía una salida regular en el mercado mexicano. De manera similar, el gobernador de Tabasco proclamó en 1831que la economía estatal descansaba sobre todo en la venta de cacao al resto de la nueva nación. Cantidades menores de cacao se cosechaban también en otras zonas bajas de México, pero perdían importancia comparadas con Chiapas y Tabasco.
El cacao contribuye a la prolongada disputa entre estos dos estados por la posesión de Pichucalco, conflicto que se torno violento en 1819. Dado que Pichucalco percibió aproximadamente medio millón de pesos por la cosecha de cacao de 1847-1848, poseer este distrito era como ganarse un gran premio. A pesar de las estruendosas objeciones tabasqueñas, primero fue asignado a Chiapas; durante el régimen imperial de Maximiliano, en la década de 1860, Pichucalco estuvo brevemente integrado a Tabasco; pero al final fue reincorporado a Chiapas.

Sin embargo, como las cosechas de Pichucalco continuaban exportándose por vía fluvial hacia el norte, se vendían comúnmente como “cacao de Tabasco". 
En 1821 se aplico a todos los productos de importación un arancel estandarizado de 25%, el cual subió 40% en 1827. El impuesto al cacao fue ligeramente rebajado en 1827, al contrario de la tendencia general, pero se elevo una vez más en 1837 y alcanzó una nueva cima en 1842. Al principio, México estableció una tarifa elevada para proteger a sus productores cacaoteros, aunque la bajo en la década de 1840. Al año siguiente, fue rebajado a la mitad del nivel respecto a 1821, y en 1856, a una quinta parte de ese nivel inicial. Tabasco solicitó la completa prohibición de las importaciones de cacao extranjero en 1830, y se quejaba porque su cacao pagaba impuestos aduanales internos de un peso por carga cuando se enviaba a otros estados de México. Es probable que hacia la década de 1850, los aranceles internos hayan llegado a los dos pesos por carga, además de impuestos misceláneos federales y municipales. Como un insulto adicional al perjuicio ocasionado, el cacao chiapaneco se gravaba menos cuando era exportado a través de Tabasco.
Las altas tarifas perjudicaron a los consumidores mexicanos de chocolate, aunque elevaron la producción de cacao en Chiapas y Tabasco. Entre 1817 y 1860 el valor de la producción de cacao mexicano, calculado en pesos contemporáneos, se multiplico por un factor de diez, desempeño equiparable únicamente al del tabaco en el sector agrícola del país.
En el 1850 agrícolas mayas de la etnia mam de la región continuaron girando en torno al cacao. Pero los propietarios de fincas en el Soconusco, menos vinculados culturalmente con esta siembra, se inclinaron más fácilmente por el café. En 1860, un poco más al sur, los impacientes terratenientes de Guatemala desbarataron sus florecientes plantaciones de cacao para cultivar algodón, que pronto sucumbió ante las enfermedades, y luego sembraron plantas de café que se secaron y murieron por el calor.
Hacia la década de 1840, Pichucalco se convirtió en el centro indiscutible del cultivo de cacao chiapaneco, pero determinar quién Io producía sigue siendo una interrogante. Las fincas pudieron haber sido afectadas con la abolición de la esclavitud pues, en Ia década de los años de la década de 1830, varios cientos de antiguos esclavos emigraron de Tabasco a Yucatán. Mientras tanto, en el Chiapas de 1830, un cura se quejaba de que la mayoría de sus feligreses varones pasaban sus vidas llevando cacao y otros bienes entre San Cristóbal y Tabasco; pero no dice si tales cargadores eran libres o forzados, ni quién producía el cacao. La introducción del cacao “forastero" quizá podría haber favorecido a los pequeños propietarios, aunque esto, generalmente, se ha fechado como posterior. Sin embargo, las descripciones de Tabasco en la década de 1860 sugieren fuertemente que el "forastero" ya estaba presente. Se reportaba que los arboles producían después de cuatro anos y Vivian hasta cuarenta, que las semillas eran plantadas y sujetadas a estacas y bajo la sombra y que Ia distancia entre ellas era corta.
A la inversa, la renovada coerción del trabajo indígena después de la Independencia pudo haber fortalecido a las Fincas. EI peso de la Legislación cayó en los altos de Chiapas ya que los Mayas Chontales de Tabasco generalmente evitaron el trabajo Forzoso, las reglas tabasqueñas de 1826 prohibieron la vagancia obligaron a los trabajadores a permanecer bajo contrato hasta que sus deudas fueran liquidadas. Permitiendo la transferencia de deudas entre empleadores, sancionaron la herencia de deudas e hicieron trabajar a los hijos de sus deudores para su empleador hasta que contrajeran matrimonio o cumplieran 25 años. EI prefecto tabasqueño de la época de Maximiliano revivió formalmente en 1864 el trabajo forzado de los tiempos de la Colonia, el cual persistió hasta después de Ia caída del emperador. Los plantadores podían solicitar indígenas para trabajar durante un mes, y un numero de ellos cada vez mayor cayó en el peonaje por deudas.
Además de alimentos y otros pagos en especie, se les pagaban tres pesos mensuales en efectivo. Muchos escaparon para ganar cuatro veces más en las empresas forestales. En la década de 1860, los trabajadores eran golpeados y forzados a casarse en contra de su voluntad.
A finales del siglo XIX, Porfirio Díaz dio un renovado y poderoso apoyo estatal a las fincas, especialmente en términos de una todavía mayor transferencia de Tierra a manos de grandes terratenientes. Las autoridades de Chiapas establecieron impuestos bajos para atraer la inversión extranjera y vendieron vastas cantidades de tierras forestales a un precio que variaba entre 2 y 5 pesos por hectárea.
A partir 1892, muchas comunidades indígenas de Chiapas fueron reubicadas en aldeas concentradas, y gran parte de sus tierras fue vendida.
El cacao de Chiapas se convirtió en el tercer producto agrícola mas valioso de la época. La producción se concentraba en las tierras bajas del norte, con Pichucalco como el principal distrito productor en los década de 1890. Mezcalapa ocupaba el segundo lugar, aunque estaba más lejos. En ese tiempo, había cerca de 2.5 millones de plantas de cacao en Pichucalco, comparadas con unos 4.5 millones de matas de café que había en todo Chiapas. El bajo rendimiento de media libra por árbol sugiere que se estaba sembrando el grano “criollo" en vez del “forastero". Las fincas cacaoteras en Pichucalco fueron desarrolladas principalmente por españoles y mexicanos, quienes rivalizaban con la producción de café del Soconusco para proporcionar riqueza a Chiapas. El número total de haciendas en Pichucalco ascendió de 93 en 1896 a 270 en 1903.
Aplicaban un mecanismo secundario de control laboral, que servía principalmente para postergar o prevenir el regreso de los trabajadores a sus comunidades. Las deudas se acumulaban generalmente por medio de anticipos y multas, y se consideraban hereditarias. En 1897, Pichucalco tenía 3,242 peones endeudados registrados oficialmente, con una deuda promedio de más de 150 pesos por persona, obligación que era más elevada que en cualquier otro lugar de Chiapas. Los trabajadores eran esencialmente comprados y vendidos a través de la transferencia de deudas entre plantadores; hacia 1910, las deudas individuales alcanzaban los 500 pesos o más. Aun así, testimonios orales revelan que algunos de los peones endeudados de Tabasco se sintieron desafortunados cuando fueron liberados en 1914, puesto que sentían haber perdido al patrón que había cuidado de ellos.
En 1910, los peones endeudados solamente constituían entre un tercio y la mitad de la fuerza de trabajo en Chiapas, en tanto que aumentó la migración de trabajo temporal. Las autoridades estatales promulgaron estrictas leyes de vagancia en 1880 y crean el impuesto per capita en 1892. Los terratenientes enviaron enganchadores para enlistar a los campesinos de los Altos, aprovechando que estaban presionados por la creciente enajenación de tierra. Los anticipos en efectivo eran la norma; en 1900, a los trabajadores temporales se les pagaban a cinco reales al día, a diferencia de los cuatro que ganaban los permanentes. Los trabajadores por jomada también recibían bonificaciones más altas en la temporada de cosecha y se les pagaba más por tarea. Dicho trabajo temporal, gestionado principalmente desde los Altos centrales. Era común en las fincas de cacao de Pichucalco.
Sin embargo, los terratenientes de Chiapas expresaban una gran insatisfacción ante este sistema de trabajo. El trabajo forzado provocaba fugas y violencia, además de que socavaba Ia productividad. Los anticipos en efectivo ataron el capital Chiapas.
Estos sistemas de trabajo condujeron a serias pérdidas cuando los trabajadores se escapaban o morían. Los anticipos eran solicitados insistentemente por algunos indígenas, quienes huían sin devolverlos. Más y más capital se ocupo en las ruinosas competencias entre los plantadores por asegurarse trabajadores para su finca. Cuando el gobierno revolucionario de Chiapas cancelo todas las deudas en 1914, los plantadores se lamentaron por el hecho de haber perdido tanto su capital como sus trabajadores de un solo golpe.

Conclusiones
A pesar de las lagunas que existen en la información publicada disponible, parece ser que la producción mexicana de Cacao a fines del siglo XIX se encaminaba de forma firme hacia un sistema finquero típicamente ineficiente. La escasa productividad del trabajo forzado probablemente, más que la baja remuneración, y la violencia dejó un saldo de relaciones sociales amargas y deformadas.
Los métodos de producción se hicieron más intensivos en México, la disminución en el número de plantas de cacao en Tabasco de unos 4 Millones en 1854 a alrededor de 3 Millones en 1890, pudo haber reflejado el debilitamiento de las tarifas protectoras.

Tomado del libro: Chiapas de la independencia a la Revolución
De: Mercedes Olivera y Maria Dolores Palomo
Centro de investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social consejo de ciencia y tecnología del estado de Chiapas 2005.
Publicaciones de la casa Chata.
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